Yo Amo el Heroismo (J.M.Vargas Vila)

Yo amo el heroísmo, más allá de los límites del amor;
por qué amo yo tanto el heroísmo?
será la sangre de mi raza, que m grita en lo más hondo de mis entrañas, largos gritos reminiscentes, de heroísmos que son idos?
Será la voz de mis antepasados, esos muertos que no mueren, lo que grita en mi soledad, grandes gritos de revancha?
será mi antecesor del lado materno, que cayó muerto sobre una cima caucana, combatiendo al lado de Cabal, en los días de la guerra magna, que me habla de su heroísmo olvidado, borrado en las perspectivas del tiempo, como un paisaje nocturno en el corazón traidor de las tinieblas?…
será la sombra augusta de mi padre, cuya vida fue u poema de armonioso de batalla, y, que se durmió rendido bajo un manto de victorias, en un tierra, en que empezaban ya agotarse los laureles?…
serán ellos, que me hablan desde el fondo de sus tumbas, a donde arrullan músicas marciales?…
será el recuerdo que canta en mi corazón, un poema de adolescencia heroica, ya muy lejano, cuando mi mano de niño, se fatigaba al peso de una espada?…
yo no lo sé…
pero, cuando oigo los héroes combatir tan lejos; los veo caer tan lejos, morir tan lejos… enloquezco de angustia, y, llevo la mano al flaco, buscando la empuñadura de una espada, y, no hallo e mis manos, sino mi pluma; esta pluma que hace treinta años, combate por la libertad , sin rendirse a nada, ni a nadie, sin fatigarse nunca, sin venderse jamás…
qué hacer de mi pluma heroica, vencida por los acontecimientos?
saludar con ella, los héroes que caen… los héroes que mueren… los lejanos héroes, de las sangrientas batallas perdidos en el crepúsculo de los pueblos que agonizan, lejos de un mundo que no ama esa belleza, que hace el silencio en torno a esa belleza;
a la belleza augusta de ese gesto…
Gesta Dei per Homines…
el gesto de los héroes, a las riberas del río taciturno de la Muerte; que retrata un momento sus sombras, en el espejo ilúcido de sus hondas sin brillo, y las lleva después, suavemente, dulcemente. Obscuramente… al Silencio y al Olvido.
Silencio cruel;
injusto Olvido;
no veis cómo ellos empiezan a envolver ya en su sudario de melancolías, a los héroes, cuyas tumbas mal cerradas, no ha nacido aún a hierba, con su verde argentado, lleno de una dolorosa vaguedad de la luz de la luna?
Los héroes, que nadie nombra;
los héroes que nadie dice;
los héroes que yo vengo a recordar;
los héroes que o vengo a saludar
cuáles son esos héroes?
los héroes de Veracruz;
aquellos cuyos hombres, ni vosotros, ni yo, sabemos todavía;
que no sabremos acaso;
que duermen bajo las plantas del vencedor, tristemente hoscos y desconocidos;
los gloriosos muertos, caídos heroicamente, asesinados por el yanqui; a la sombra odiosa de la bandera constelada, en la cual lucen las estrellas, como una nube de pájaros de presa…
muertos caídos ayer, y ya casi olvidados totalmente por la laxitud cobarde, de este momento histórico, vilmente entregado a la asordadora salutación del Crimen Vencedor;
dejadme volver los ojos a aquella catarata de soles, desplomados en la sombra… Y, saludarla;
a la flora magnifica de muertos, cuyos cálices se abren bajo el topacio ámbar rojo, de un sol de eternidad;
a aquellos que murieron ante la selva flotante de las naves piratas, el día en que las águilas del Norte, cayeron por traición, sobre el nidal de las águilas aztecas, y devoraron sus polluelos…
a esos, que murieron combatiendo al bárbaro invasor del yankee,
los héroes, caídos ayer, olvidados hoy, tal vez renegados mañana;
traicionados acaso muy pronto por los hombres, por los acontecimientos y por la Historia;
esos héroes, que de lo alto de las murallas, de lo alto de las azotea, de loa alto de las torres, disparaban sus armas, contra los filibusteros voraces, y fueron bastantes felices para no cerrar los ojos sin haber visto correr la sangre maldita del invasor, por sobre el pavimento de las calles, como un rocío de cielos de justicia, misteriosamente ocultos tras la mentida placidez, de esos cielos cómplices, que presenciaba la invasión, bastantes para negar a Dios, con sus manos estériles, que no lanzaron una lluvia de rayos sobre los filibusteros de Walker, resucitados para vergüenza de la historia;
los héroes de la escuela naval, los niños épicos, que se lanzaron al combate, y fueron fusilados por el pelotón, sonriendo ante la muerte, como ante una querida prematura, con una gracia de Efebos tornados en Aquiles, sordos a los gritos de sus madres, Hécubas desesperadas, que gritaban ate el mar, sordo también ante todo clamor de Misericordia;
esa mujeres del pueblos, esas mujeres heroicas, que fueron fusiladas en los Mercados Públicos, haciendo murallas de flores, mientras las murallas de piedra se inflamaban, y el cielo se entenebrecía lentamente, bajo las balas de los obuses asesinos disparados por el yankee…;
los ancianos, salidos de sus casas a recoger a sus hijos, y asesinados sobre el cuerpo de ellos, como la gloria majestuosa de una encina, cayendo sobre un prado de rosas de botón;
las madres, muertas de angustia, dando el pecho a sus hijos, como para lactarlos con el licor de la Revancha; y, los mamantones muertos sobre el seno materno, con un gesto de coraje prematuro, como si hubiesen exprimido e pezón de la loba de las Sabinas, en las riberas del Tiber;
todos esos muertos anónimos, fusilados sobre las plazas públicas, en aquellos días aciagos del Terror yanqui en Veracruz… en que la sangre caía sobre la rea incendiada, como lluvia de cenizas, sobre ponientes de oro…
esos muertos tan cercanos …
sin embargo ya remotos…
que se alejan, que se pierden, en los mares del Olvido…
como un vuelo de ibis pálidos, bajo un cielo tenebroso, ya vecino de la noche;
con una suave ruido de las que se alejan, y se borran en la bruma;
exquisitamente triste;
orgullosamente ausente;
los gloriosos ignorados, dejadlos que duerma en su calma inabordable;
ellos; que mañana van a ser traicionados;
ellos; que mañana van a ser vencidos;
ellos; cuyos huesos será ultrajados por la Victoria; entregados por la traición;
mañana cuando la paz esclava, la paz inicua, la paz de Hawái, la paz de las Filipinas, la paz de Haití, los envuelva como un doble sudario;
ellos; que entonces galvanizados por la vergüenza, se volverán de espaldas en su sepulcro, ocultando el rostro carcomido, contra el lodo de la tierra, para no mirar hacia los cielo, por temor de ver en ellos una estrella…
!Tan odiosas así se han hecho las estrellas, al corazón de los hombre libres de nuestra América, desde un día en que un pueblo de piratas, las aprisionó en su bandera, para ser despedazadas por el pico de sus águilas falaces!…
V

La Verdad ha dejado de florecer sobre los labios inspirados;
el gran lirio albo de marchita y muere bajo ese viento de pavor, que hoy sopla sobre América;
el Miedo, centinela vil, guarda e la boca la palabra esclava;
la rosa púrpura, la frase ígnea, que brota de los labios en cólera, no tiene ya valor para nacer;
el anatema fúlgido estalla y muere sin eco, como el rayo sin fulgores en la tormenta polar;
sólo un himno, el himno de la victoria omnipotente, llena el espacio;
y se oye un rumor como salido de los ergástulos y el Circo, al paso del triunfador antiguo, como el canto de los vencidos esclavos, en toro a la tienda donde el jefe de los mercenarios, duerme harto de vino y de botín;
la embriaguez de la victoria posee al mundo;
la América tiembla, ante el éxito coronado y sangriento;
la Victoria brutal, r, despojo vil, la Insolencia del bárbaro, marchan erguidas y soberbias llevando como séquito al mudo silencioso y asombrado
así como el galo en pos del César , así como el númida uncido al carro del publicano Arpiño, así esclavo del miedo, así va el mundo;
estupefacta por la Audacia está la tierra en un momento de asombro;
despertada ha sido, despertada por las águilas, y tiembla de pavor;
conquistada ha sido por la fuerza, dominada ha sido por el Crimen, y dobla la rodilla ante los bárbaros…

Hora de las desolaciones, y , de las lamentaciones…;ellas, llenan el Mundo, como gritos de profetas,; sepultados bajo las ruinas de los templos, sobre murallas profetizaban…
murallas que se derrumbaron, como para aplastar con ellos, el horror de sus propias profecías;
ese gemido llena el mundo, con un rumor lamentable de un huracán

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